¿Conoces el Río la Vieja?

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Cuando los Quimbayas, los Pijao y los Calarcá construían balsas para viajar por

On Vacation Río la vieja

El Rio Bravo, seguro no imaginaron que muchos siglos después, miles de personas, navegarían exactamente del mismo modo, por el mismo río. 

Ese es uno de los mayores encantos de hacer Balsaje por el Rio la Vieja.  (Se estarán preguntando porque decimos que es el mismo río, si el que navegaban los indígenas era el Bravo y el que podemos navegar se llama la Vieja). Bueno, otra vez se lo debemos a los conquistadores. O por lo menos a la Leyenda. Pero mejor vamos a dejar que esa historia se las cuente el boga que los va a llevar por el río, y que además de contarles el porqué del cambio de nombre, será el encargado de manejar con una guadua el curso de la balsa. Ahí la cosa ya se pone interesante: Hoy en pleno siglo XXI un hombre con un palo de guadua manejando una balsa hecha también de Guadua, hace que definitivamente uno se sienta medio Quimbaya.

Lo que dicho simplemente en palabras, no suena tan interesante, es cuando te dicen que el recorrido durará 5 horas. ¿5 horas en una balsa por un río?  Sí, no suena demasiado entretenido  ¡Pero la verdad es que no se sienten!  Primero porque el paisaje es realmente espectacular y además porque el Río la Vieja, que alcanza profundidades entre los 20 cm y los 14 m, regala la posibilidad de poder lanzarse al agua y dejarse arrastrar por la corriente. Claro, lo más deportistas no se conforman con ponerse de espaldas y dejarse arrastrar, así que uno puede ver de vez en cuando a un remedo de Kapax llevándole la contraria a la corriente.

Pero como si la tradición de viajar en balsa fuera poco, este paseo incluye otra tradición ancestral: La comida del gato (Tranquilos, no ese gato) En este lugar le dicen gato al fiambre, ósea, le dicen gato a lo que otros le dicen fiambre y otros simplemente le decimos almuerzo.

El gato no es más que hojas de plátano y Congo que contienen arroz, yuca, plátano y pollo deliciosamente sazonados. Y que era la comida que las abuelas hacían cuando en la familia se decía: ¡vámonos pal río!  Y créannos, sentarse a la orilla de la playa de arena a comerse el fiambre, mientras se oye el río bajar, es realmente reparador para el alma.

Para llegar a este paraíso puedes tomar en Armenia un Willys (uno de esos famosos camperos de la región que transportan café) y llegar a Alejandría en Quimbaya. El recorrido por el río termina en Piedras de Moler, entre Alcalá y Cartago, en el Valle del cauca, de donde podrás devolverte a Armenia en el mismo tipo de transporte.

 

Así como la leyenda de por qué el río cambio de nombre puede variar de Boga en Boga (como le pasa a casi todas las leyendas), la experiencia también puede ser muy distinta si haces el viaje de noche; acompañado por un grupo musical y viendo la misma luna llena que vieron nuestro antepasados cuando no había límites, ni departamentos, ni banderas diferentes. Solo el mismo río que les pertenecía por igual a todos.

Ese río Bravo o la Vieja que ahora te está esperando.